Haz una lista de todo lo que no te gusta de ti y luego tírala. Eres el que eres y, después de todo, no es tan malo como te imaginas un domingo de cruda. Tira el equipaje de sobra. El viaje es largo, cargar no te deja mirar hacia delante (y además jode la espalda). No sigas modas. En diez años te vas a morir de vergüenza de haberte puesto eso, de todas maneras. Besa a tantos como puedas. Deja que te rompan el corazón. Enamórate, cáete y vuelve a levantarte. Quizás hay un amor verdadero, quizás no; pero mientras lo encuentras, lo bailado nadie te lo quita. Equivócate, cambia, intenta, falla, reinvéntate. Manda todo al carajo y empieza de nuevo cada vez que sea necesario. De verdad, no pasa nada (sobre todo si no haces nada). Prueba otros sabores de helado, otras cervezas, otras pastas de dientes. Arranca el coche un día, y no pares hasta que se acabe la gasolina. Empieza un grupo de rock. Toma clases de baile. Aprende italiano. Invéntate otro nombre. Usa una bicicleta. Perdona, olvida, deja ir. Decide quién es imprescindible. Mientras más grande eres más difícil es hacer amigos de verdad, y más necesitas quien sepa quién eres realmente sin que tengas que explicárselo. Esos son los amigos. Cuídalos y mantenlos cerca. Aprende que no vas a aprender nada; pero no hay examen final en esta escuela, ni calificaciones, ni graduación.